Ataques de pánico: qué hacer cuando el miedo toma el control

Por la Dra. Rose E. Nina Estrella, Psiquiatra
El corazón se acelera, falta el aire y aparece una certeza aterradora: “algo malo está por pasar”. Un ataque de pánico puede surgir sin aviso, incluso en un momento aparentemente tranquilo, y hacer que la persona sienta que está perdiendo el control.
La experiencia puede incluir palpitaciones, presión o molestias en el pecho, falta de aire, mareos, temblores, sudoración, escalofríos, náuseas, hormigueo o sensación de irrealidad. Algunas personas creen que van a morir o que están sufriendo un ataque cardíaco.
Precisamente por la intensidad de estos síntomas, muchas personas acuden a una sala de emergencias convencidas de que atraviesan una urgencia médica. Después de las evaluaciones correspondientes y de descartar afecciones físicas agudas, pueden descubrir que los síntomas están relacionados con una crisis de pánico o un episodio de ansiedad intensa.
Los síntomas no son imaginarios. El cuerpo activa una respuesta real de alarma, como si existiera una amenaza inmediata, aunque en ese momento no haya un peligro externo.
¿Qué está pasando en ese momento?
Un ataque de pánico es un episodio repentino de miedo o malestar intenso. Suele alcanzar su mayor intensidad en poco tiempo y puede provocar tanto sensaciones físicas como pensamientos alarmantes.
Tener una crisis aislada no significa necesariamente que exista un trastorno de pánico. Para llegar a ese diagnóstico, un profesional evalúa con qué frecuencia ocurren los episodios, si hay miedo persistente a que se repitan, qué conductas han cambiado y cuánto afectan la vida diaria.
Por eso, cuando una persona comienza a evitar salir sola, conducir, viajar, utilizar ascensores, acudir a lugares concurridos o incluso permanecer sola por temor a experimentar otro ataque, es importante buscar ayuda profesional.
Sí, hay tratamientos que pueden ayudar
La buena noticia es que el trastorno de pánico puede tratarse. Con la atención adecuada, muchas personas reducen significativamente los síntomas, recuperan su rutina y vuelven a sentirse seguras en situaciones que antes evitaban.
Las guías clínicas recomiendan distintas alternativas terapéuticas, según las características de cada paciente. Entre ellas se encuentran la psicoterapia —en particular, la terapia cognitivo-conductual (TCC)— y determinados medicamentos.
La TCC ayuda a reconocer el círculo que conecta pensamientos, sensaciones físicas y conductas. Por ejemplo, una palpitación puede interpretarse como señal de un infarto; esa idea aumenta el miedo, el miedo intensifica las sensaciones y las sensaciones alimentan aún más la alarma.
El tratamiento enseña a interrumpir ese círculo y a responder de otra manera a las señales del cuerpo.
¿Cómo puede ayudar la psiquiatría?
La evaluación psiquiátrica es importante para determinar si se trata de un ataque de pánico aislado, un trastorno de pánico u otra condición de ansiedad, así como para identificar posibles enfermedades o sustancias que puedan provocar síntomas similares.
Cuando está indicado el uso de medicamentos, los antidepresivos —entre ellos, determinados inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS)— cuentan con evidencia para el tratamiento a largo plazo del trastorno de pánico. Las guías también señalan la importancia de conversar con el paciente sobre los beneficios, los posibles efectos secundarios, las interacciones y los síntomas que pueden aparecer al suspender el medicamento antes de iniciar o interrumpir un tratamiento.
No existe un medicamento universal para todos los pacientes. El tratamiento debe individualizarse.
Cuando lo habitual no es suficiente
Si los síntomas persisten o no mejoran con los tratamientos iniciales, el especialista puede revisar el diagnóstico y el plan terapéutico. La psiquiatría también investiga otras opciones, incluidas algunas formas de neuromodulación, que buscan modificar la actividad de ciertos circuitos cerebrales.
Una de ellas es la estimulación magnética transcraneal repetitiva (EMTr o rTMS), una técnica no invasiva que utiliza campos magnéticos para estimular determinadas áreas del cerebro.
La evidencia disponible sobre la rTMS específicamente para el trastorno de pánico todavía es limitada, y los resultados no permiten considerarla un tratamiento estándar de primera línea para esta condición. Una revisión sistemática con metaanálisis encontró beneficios claros de la rTMS sobre los síntomas de ansiedad en pacientes con trastorno de ansiedad generalizada; sin embargo, los resultados relacionados con la intensidad del pánico no alcanzaron significación estadística.
Por eso, cuando se considera una intervención de neuromodulación, debe hacerse dentro de una evaluación especializada y con expectativas realistas.
Otra modalidad que continúa en estudio es la estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS), que utiliza una corriente eléctrica de baja intensidad aplicada mediante electrodos colocados sobre el cuero cabelludo. Su uso depende de la indicación clínica, los protocolos disponibles y la evidencia científica para cada trastorno específico.
El miedo al próximo ataque también puede tratarse
Uno de los aspectos más incapacitantes del trastorno de pánico no siempre es la crisis en sí misma, sino el miedo constante a que vuelva a ocurrir.
Ese temor puede ir reduciendo el mundo de la persona: primero evita un lugar, luego otro y, poco a poco, limita el trabajo, las relaciones, los viajes y otras actividades cotidianas.
Sin embargo, recibir un diagnóstico no significa que la persona tendrá que vivir así para siempre.
El tratamiento adecuado puede ayudar a comprender lo que ocurre en el cuerpo y el cerebro, reducir la frecuencia y la intensidad de las crisis y recuperar progresivamente la confianza para retomar las actividades que se habían abandonado.
Si ha sentido síntomas parecidos a los de un ataque de pánico —especialmente si aparecen por primera vez o son intensos— busque una evaluación médica para descartar causas físicas que puedan requerir atención urgente.
Una vez descartadas esas condiciones, la evaluación de un profesional de salud mental puede ayudar a determinar qué está ocurriendo y cuál es el tratamiento más apropiado.
Un ataque de pánico puede sentirse como el fin del mundo, pero no tiene por qué convertirse en el fin de la vida cotidiana. Con evaluación, tratamiento y seguimiento profesional, es posible recuperar el control y vivir con mayor tranquilidad.
La salud mental también merece atención. Pedir ayuda no es una señal de debilidad: puede ser el comienzo de recuperar la calma, la confianza y la libertad para volver a vivir plenamente.
Referencias
National Institute for Health and Care Excellence. (2020). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: Management (CG113). NICE.
National Institute for Health and Care Excellence. (2020). What treatments should I be offered for panic disorder? NICE.
Pallanti, S., Grassi, G., Cantisani, A., & Urgesi, C. (2022). Repetitive transcranial magnetic stimulation for generalized anxiety and panic disorders: A systematic review and meta-analysis. Journal of Psychiatric Research, 148, 30–39.
Polak, M., D'Angelo, E., & Lisanby, S. H. (2014). Repetitive transcranial magnetic stimulation (rTMS) for panic disorder. Cochrane Database of Systematic Reviews.





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